Hay una pregunta que los organizadores de eventos multilingüe raramente formulan, pero que determina en buena medida el resultado de la jornada: ¿qué ha hecho el equipo de interpretación antes de llegar a la sala?
La respuesta es más extensa —y más metódica— de lo que suele imaginarse.
La preparación empieza semanas antes
En AIM, el trabajo de una intérprete de conferencias no comienza el día del evento. Comienza en el momento en que se firma el encargo.
La primera tarea es documentarse. Eso significa leer el programa completo, los documentos de trabajo que el cliente facilita y, cuando no se facilitan, buscarlos. Una conferencia sobre el ámbito farmacéutico requiere conocer las últimas directrices de la EMA. Una asamblea de accionistas exige manejar la terminología financiera específica de ese sector y, si la empresa cotiza, conocer sus resultados recientes.
No se trata de convertirse en expertos. Se trata de comprender el contexto con suficiente profundidad para que ningún término, ninguna referencia y ningún matiz quede fuera del alcance en cabina.
El glosario, una herramienta de precisión
El producto más visible de esa preparación es el glosario bilingüe —o trilingüe, según las combinaciones de idioma del encargo—. No es un glosario genérico descargado de internet. Es un documento construido término a término, contrastado con las fuentes propias del evento: presentaciones enviadas por los ponentes, informes previos, actas de reuniones anteriores.
En los encargos más técnicos, la construcción del glosario puede llevar varias horas de trabajo. Es tiempo invisible para el cliente, pero perfectamente audible en la calidad de la interpretación.
La figura de la intérprete asesora
En AIM trabajamos con un modelo propio: cada cliente tiene asignada una intérprete asesora. Es el punto de contacto único durante todo el proceso: antes, durante y después del evento.
Antes del evento, la intérprete asesora revisa el programa con el cliente, identifica los momentos más exigentes —la intervención de un ponente con acento marcado, un debate técnico sin documentación previa, una votación con terminología específica— y anticipa las soluciones. Si hay algo que puede complicar el trabajo en cabina, lo mejor es saberlo con antelación.

El día del evento: comprobaciones y control de calidad
El equipo de interpretación llega al recinto con suficiente tiempo para revisar el equipo técnico, comprobar que el sonido llega correctamente a la cabina y, si es posible, asistir a los ensayos o briefings de ponentes.
Esa hora previa no es un margen de cortesía. Es parte del protocolo de calidad. Una cabina que no recibe el audio del micrófono principal correctamente, o un sistema de votación cuya terminología nadie ha revisado antes de empezar, puede comprometer el trabajo de toda la jornada.
Después del evento, también
El encargo no termina cuando el último ponente cierra su presentación. La intérprete asesora recoge la valoración del cliente, anota lo que ha funcionado bien y lo que puede mejorarse.
En el caso de clientes recurrentes —que organizan asambleas anuales, congresos, o reuniones trimestrales—, el equipo llega al siguiente encargo con una base de conocimiento ya construida. La calidad se acumula.
En AIM llevamos treinta años aplicando este método a encargos para los sectores público y privado: desde el Congreso de los Diputados hasta cumbres multilaterales, pasando por consejos de administración, congresos médicos y festivales internacionales.
La interpretación que parece fluida no es casualidad. Es preparación.
¿Tiene un evento multilingüe en el horizonte? Escríbanos en aim@interpretesmadrid.es